lunes, 16 de septiembre de 2013

I Maratón Benéfica en pista

Como casi siempre, una serie de coincidencias se dieron para que acabara haciendo esta fabulosa carrera. A principios de año, por eso de cambiar, me había interesado por hacer la maratón en pista de Ceutí, aunque luego descarté la idea sustituyéndola por otra prueba. Cuando corrí, en julio, la Maratón Misteriosa organizada por el gran Javi Sanz, el sábado Idoia me informó de que un amigo suyo (y a semejanza de una ocurrencia ya materializada por ella misma) tenía pensado realizar organizar una. Al día siguiente, Antonio Huerta, al recordar que yo era de la provincia de Ciudad Real, me lo volvió a mentar. Aunque tenía casi decidido correr el 15 de septiembre una maratón de montaña, me gustó la idea.
 
Joaquín Lozano, de la localidad de Membrilla, para celebrar su cumpleaños maratoniano de 42 años y 195 días (aunque hay quien afirma que debería ser la parte proporcional del año) correría las 105 vueltas más 195 metros en la pista de su localidad. Yo, a Joaquín, lo conocía de vista únicamente, aunque me gustó la propuesta. Además, quería ceder todo el dinero recaudado (5 euros de inscripción) a la Asociación Española Contra el Cáncer. Y esto acabó de decidirme. Tengo una amiga que lleva meses luchando contra la maldita enfermedad y, enseguida, se me iluminó la bombilla de mis escasas luces.
 
Lo correría en su honor, además de hacerlo en el de el magnífico corredor popular al que estaba dedicado, Leo Condés, fallecido a causa de la misma. Por lo tanto, haría mi propio homenaje dentro de otros dos (a Condés y al propio Joaquín en su cumpleaños). Sería una muestra de solidaridad y apoyo a ELY, esa mujer que quizá cometió el error de tener sentimientos a la vez que se movía en unos círculos donde sólo tiene sentido el dinero; de que le gustara la poesía en un entorno deshumanizado. Después de diversos problemas, o a causa de ellos, la penúltima parada de su lucha por ser ella misma es también una lucha contra el cáncer.
 
Así que le propuse que yo terminaba esta carrera a cambio de que ella luchara por ponerse bien. Sí, una tontería de chiquillo, quizás; pero volcando toda mi ilusión y esperanza. Por supuesto, de lo que tenía previsto realizar como homenaje (intentar hablar con ella en la última vuelta, por ejemplo y alguna cosa más) nada llevé a cabo por razones que no vienen a cuento.Si las cosas salieran como las pienso, no sería yo. Pero siempre recordaré ese momento sobre el km 30 en el que el incansable speaker comentó que, por la razón que yo corría, estaba seguro de que llegaría bien a meta. No pude evitar emocionarme.
 
Quizá por enfrentarme a un maratón diferente, lo cierto es que volví a notar una inquietud que no recordaba antes de alguna carrera. Quizá desde el regreso tras mi "pequeño" accidente, suceso que no quise meter en el currículo que pasé a la organización para no preocuparlos en exceso. Además, un resfriado me asaltaba los días previos, leve pero molesto, que también contribuyó a no tenerlas todas conmigo. El sábado por la tarde salíamos para Membrilla, Ray y yo. En principio, mi fiel compañero de carreras iba a hacer una distancia sobre la media maratón. Y es que Joaquín lo había dispuesto de tal forma que todo aquel que quisiera pasar un buen rato (y colaborar con la causa)corriera o anduviera la distancia que quisiera.
 
Así que Ray, como entrenamiento de calidad, iba a acompañarme aproximadamente la segunda parte de la prueba, donde tenía fijado bajar algún minuto de 1.45, para así aproximarme a un tiempo total de 3.30 o algo menos. Ya lo he dicho: si las cosas salieran como las pienso, no sería yo. Al llegar allí, fuimos saludando al resto de corredores. En un principio, 9 más el organizador. Se sumaba la familia de Leo Condés, que por relevos haría la prueba y llevaría el número 1 (gran detalle de Joaquín, por cierto). Entre los participantes, varios ineludibles como Idoia, Javi Sanz, Javi Martín o Antonio Huerta, con los que había coincidido en Segovia (en La Misteriosa). Además, la participación de lujo, aunque con lesión, de Eva Esnaola, hermana de Idoia y ultra-atleta de elite. Y el sorpresón... Santos Llamosas.
 
 
Santos acababa de recibir el beneplácito del médico para volver a correr un maratón tras dos años de lesiones que han incluido una prótesis en la cadera. Es una de las referencias (o "la" referencia), con más de 250 maratones corridos a sus 54 años. Capaz de hacerse un 2h45' en 10, 12 o más semanas seguidas, además de contar hace algún tiempo con marcas excelsas. Sólo dos corredores que no conocía (Emilio, de Madrid, y un genial y altísimo cordobés)y nos acompañaría un conocido de Joaquín, muy veterano, que trotaría de vez en cuando y andaría el resto del tiempo pero que tomaría la salida con nosotros y concluiría junto al último corredor. Al final también recorrió algo más de 30 kilómetros.
 
Entre charla y charla inicial, el bueno de Ray me negó dos veces... pero no tres cuando le pregunté si no quería hacer el recorrido completo, ya que estaba allí; además, un mes antes se lo había planteado y yo sabía que los días siguientes le daría vueltas a la cabeza. Otro para la causa. Y lo mismo le ocurrió a Javier Ayuso, que con la Madrid-Segovia prevista para el fin de semana siguiente, pensó en la locura de hacerlo entero por el ambiente (finalmente fue juicioso e hizo unos 20 kms). Los organizadores (Manuel Jiménez también debe contarse aquí, el speaker) nos explicaron brevemente cómo se harían las cosas. Habría una salida controlada, tendríamos cada uno nuestro avituallamiento privado (mil gracias al encargado del mismo), la forma de contar las vueltas, etc. 
 
 
El resto de participantes se incorporaría media hora después, teniendo la posibilidad de correr al principio, descansar e incorporarse luego al final para acompañarnos en los kilómetros más difíciles. Es decir, no había reglas. Bueno, nosotros teníamos una: media vuelta al principio y luego otras 105 más, en una pista de asfalto durísimo en la que por suerte hay una especie de alfombra de césped que al final fue la salvación para todos, pues los gemelos notaban el duro firme. A las 20.00 se daba la salida y las primeras 13 vueltas fueron de presentación. Cada vuelta estaba dedicada a un corredor, que se adelantaba unos metros y era presentado al público a través de la lectura de parte de su currículo atlético (para varios se hubiera necesitado un 5.000 más que una vuelta). A un ritmo de calentamiento, a más de 5'km, entre charla y charla, se nos pasó volando la primera media hora.
 
Tras esto, un amplio grupo fuimos incrementando el ritmo, todavía en plena conversación, a la vez que la pista se llenaba de gente que cubriría la distancia que le apeteciese. La verdad es que por esto último y por alguna otra cosa, no se me hizo demasiado pesado este maratón. Ver a padres con niños de 5 años dando alguna vueltecita, a amigos jóvenes y mayores, a otra gente andando, animándose unos a otros... los kilómetros pasaban rápido. Y, también, porque el ritmo se había ido animando y pronto pasamos a 4.30'km (sobre el 10-12) para acto seguido todavía bajar más. A esas alturas, la verdad, es que yo ya había pensado que por solidaridad con la persona a la que dedicaba esto, no podía "darme un paseo de 42,195 kms": iba a exigirme, no del todo pero quizá más de lo necesario en un evento como este. Quería "sufrir" un poco.
 
 
Así que cada uno fue cogiendo su ritmo y en cabeza nos quedamos 4 corredores, ya rodando en ritmos entre 4'10 y 4'15 km/h (el equivalente a tiempos que te permiten bajar de 3 horas en el maratón). Cuando Javier Ayuso decidió poner un poco de cabeza a su septiembre atlético y descolgarse un poco (suerte para la Madrid-Segovia), un destacado corredor veterano local que había entrado a hacer unos kilómetros y el sobresaliente Santos Llamosas, nos quedamos delante. Había momentos que en pista se podían contabilizar más de 50 personas. Al tener que pasarlos, dábamos algún pequeño acelerón, así que alguna vez miré el ritmo y hubo algún kilómetro por debajo de los 4', aunque siempre intentaba controlarlos. Si pinchas en un maratón como este, no puedes esconderte.
 
A las 2 horas de carrera y tras acompañarnos durante hora y media, el corredor local (también llamado Joaquín)se despedía de nosotros. Santos, que cuando le preguntaba decía que la cadera iba bien: poco después me dijo que siguiera, que él bajaría un poco el ritmo. Le dije que era un honor haber compartido tantos kilómetros con él y así lo sigo sintiendo. A partir de aquí, y ya con la pista muy despejada de acompañantes, "me quedaba solo". Escuchaba a la gente animar, te dices algo con los compañeros a los que pasas, Manuel ameniza el recorrido a través del micrófono, hago bromas con el chico que está encargado de ir accionando las cartulinas de las vueltas (que empezó a las 105 y que a estas alturas ya está por la 38 y bajando) y con el hombre del avituallamiento... pero solo.
 
Sobre el km 34 ya sé que no va a haber muro ni nada parecido. He estabilizado el ritmo y sé que el tiempo va a ser bueno, y si contamos esos 45' "de relax" iniciales, yo diría que hasta muy bueno para mis posibilidades y las características de la prueba. Los últimos kms se hacen pesados pero no más que en otra maratón en la que marchas fuerte. Al ver el 10 en las vueltas, sonrío; y cuando me quedan 6 y Manuel dice que una serie, lo vuelvo a hacer. La última vuelta, al catálogo de grandes recuerdos. Todavía con ritmo fuerte, animado por los de dentro y fuera, me acuerdo de ELY y mascullo algo parecido a "ahora te toca tu parte del trato: no puedes fallar", en recta de meta me acerco a chocar la mano de los miembros del Club Atletismo Membrilla, que estaban aplaudiendo esperando mi llegada, y hago un último sprint de unos 20 metros que me permite, según mi reloj, concluir en 3h04'58". Y con una segunda media con pocos segundos por encima del 1h28'.
 
 
 Impensable, pero ya sabéis que si las cosas salieran como las pienso... no sería yo. Mi enhorabuena a Joaquín y también a Manuel (que acabó emocionado), al Club Atletismo Membrilla y a AECC por esta iniciativa curiosa y maravillosa que han tenido. Y por la forma en la que la han gestionado y organizado. Incluso bolsa del corredor y medalla (además de caja de melones y sandía que me costó llevar al coche); pero sobre todo, la ilusión y amabilidad mostrada por cada uno de los que aportaron algo para que esto saliera hacia adelante. Eternamente agradecido.

martes, 23 de julio de 2013

I Maratón Misteriosa

La primera vez que supe de Javi Sanz fue cuando realizando búsquedas sobre maratones, hace ya años, me encontré con su blog, Javi Sanz: coleccionista de maratones. Por supuesto, como muchos otros, quedé maravillado con el historial que tenía, resultando difícil no liberar la mente e imaginarte corriendo por algunos de los lugares que él describía. No voy a esconder que parte de lo que he hecho después en el mundillo atlético lo debo a este descubrimiento, así como al hecho de conocer luego a otros amigos suyos (Quique, David...). Con el tiempo, eso sí, me he dado cuenta de algo importante: Javi podría haber corrido en los lugares en los que lo ha hecho y en muchos más, pero lo que realmente le envidio es la calidad humana que atesora y que minimiza esa extraordinaria vitrina repleta de medallas de finisher.

El grupo, mirando a dos cámaras
Posiblemente no lo haga pero podría correr una maratón en Buenos Aires, incluso clandestina como él hizo por un River vs Boca; pero ni en cinco vidas sería un tipo parecido a él. Así que, como el tango: "si  tú me dices ven, lo dejo todo". Siempre que sea para esto de correr una maratón; si es para recoger la siembra a lo mejor me invento una excusa. Ya he dicho que no soy tan buena persona. Bueno, voy a ser franco (con minúscula, desde luego): tenía la idea de correr en julio una maratón especial, pues puse ilusión en un proyecto de hacer algo similar en otra ciudad de Castilla León. Cuando esto no funcionó, pensé en una en mi localidad,  para hacer con algún amigo que quisiera, de la que tenía hasta tres recorridos. 

Pero fue entonces cuando Javi Sanz decidió sacar adelante esta idea de la Maratón Misteriosa, a la que tardé segundos en sumarme. En principio sería para la segunda mitad de julio, con lo que descansaba un poquillo de Peñalara. Como su nombre indicaba, pasaba el tiempo y nada sabíamos; sólo que la idea seguía en pie. No ha sido hasta algo menos de dos meses antes cuando se decía que nos apuntáramos los que estuvieran interesados y se confirmaba el día 21 de julio. Y seguía el misterio. Después apareció el recorrido, que al parecer era durillo. De durillo, una vez que lo pasé a wikiloc y vi el desnivel, pasó a duro. Y al hacerlo sobre el terreno, quedó calificado de manera definitiva como "duro de cojones". Perdón por la expresión, pero fue la más usada. De justicia reconocer que, además, es precioso. 

A grandes rasgos, puede describirse de la siguiente manera. Se parte de Trescasas, la localidad donde vivía la familia del organizador y donde tiene una maravillosa Casa Rural (http://www.casadeltiotelesforo.com/). Tras una vuelta por el pueblo, se toma la carretera que lleva a Segovia y una vez en la parte baja de la misma se sube hasta el Alcázar y la Plaza Mayor, descendiendo hasta el Acueducto. De aquí se toma la calle que desemboca en la carretera de La Granja y que en unos 7 kms lleva a esta. Se toma la carretera de Valsaín hasta llegar a un restaurante donde se da la vuelta para volver sobre nuestros pasos. Nuevamente en La Granja, se recorren los jardines antes de tomar la carretera que une San Ildefonso con Tres Casas, donde en el mismo lugar de inicio, concluye. 

Uno de los monumentos señeros del maratón
No queriendo que se le fuera de las manos, el número de participantes fue de 24, debido a una baja de última hora. Además, alguno tenía pensado hacer sólo una parte del recorrido, por lo que los que concluimos la prueba fuimos 21. En entrevista radiofónica previa, el organizador había afirmado que bastantes de los apuntados eran "maratonianos empedernidos". Él mismo completaría su prueba de esta distancia nº 74, pero había algún corredor con más de 100 en sus piernas (Antonio Huerta y Javi Martín). Algún ultramaratoniano como Miguel Campos y rostros habituales de carreras de larga distancia como Idoia Esnaola (la única fémina), el gran Javi Muñoz o Teo.

Plaza Mayor y Catedral, un punto del recorrido
 También los representantes de dos foros: el de Carreras Populares, del que Javi Sanz es el "presi" (con José Manuel, Angelín y Gerardo) y el de Forofos del Running con Marengo, Rapha, Cheve, Jorge y Patxi, al que "engañaron" para hacer más distancia de la media que tenía prevista (al final hizo 30... llegando directo del trabajo). Amigos del anfitrión (como el fenomenal José Luis y Antonio)  y de unos y otros completaban el elenco. El bueno de Ray, que este año está llevando a cabo cosas que hasta hace poco hubiera calificado de imposibles de haber pensado en ellas, era nuevamente "engañado" y también nos honraba con su presencia y la de su familia. Así que el sábado visitamos Segovia y La Granja y, de paso, anduvimos por parte  del recorrido (yo era uno de los matchmakers de la carrera) para no perdernos al día siguiente. Por cierto,  la ciudad nos recibió igual que la dejamos a mediados de marzo cuando corrimos la media: lloviendo. Afortunadamente, tras un par de grandes chaparrones, el cielo, aunque amenazante, nos dejó disfrutar de la ciudad. 

Tras las presentaciones y saludos, una buena y abundante cena y a descansar. Al día siguiente, desayuno a las 6 horas y a esperar al resto de participantes. La carrera comenzaba a las 8 y Javi volvía a sorprender con unos dorsales personalizados (perdón, Calducho) que le habían regalado. No había avisado a las autoridades, por lo que había que ir con cuidado con el tráfico. En principio, se formarían 3 grupos, que responderían más o menos (tirando a más, por dureza del recorrido y temperaturas previstas) a 3h30, 4 horas y 4h30'. Avituallamientos cada 5 kms con agua y, a partir del 25, isotónicos. Aquí hay que agradecer la ilusión de la familia y amigos de Javi, así como a las mujeres de algunos de los participantes que también aportaron su granito de arena (al igual que Marisa con las fotos). Y mención especial, cómo no, para Luis Barba y Marga, dos anfitriones (maravillosos) más.

Momento de la salida con Agustín al fondo
La salida, sorpresa y lujazo, era dada por Agustín Fernández, campeón de España de Maratón en 1974, quien todavía sale a correr y que me dijo era natural... de Herencia, pueblo a 23 kms del mío. Tras alguna consulta, vi que la mayoría de la gente se concentraba en el grupo de las 4 horas, prácticamente quedando solo para las 3h30 prevista. Aunque me vi tentado de hacer como aquellos corredores que se ven en los mundiales de atletismo que atacan en el km 1 y se van solos para luego desfallecer, se trataba de disfrutar; y en grupo y charlando con unos y otros, se pasa mejor (aunque sé que también hubiera disfrutado de lo lindo a lo "corredor ecuatoriano", como diría Javi Martín). Por lo tanto, se formaron dos grupos desde el principio y fuimos, entre charla y charla, recorriendo los primeros 10 kilómetros, casi todos ellos de bajada, con destino a Segovia.

Al llegar a los arrabales de la impresionante ciudad, comienzan los primeros y duros repechos. Tras un pequeño descenso, afrontamos la subida que nos llevará primero al Alcázar y de aquí a la Plaza Mayor. Junto con Rapha, el chaval originario de Francia que da carácter internacional a la prueba (y que viene, el animal, de correr un maratón de montaña con salida y meta en La Granja... el domingo anterior) encabezamos la carrera, aunque pronto se nos une Teo. Un placer correr por el centro de Segovia, prácticamente sin tráfico y a una hora en la que los turistas comienzan a moverse; nos regodeamos, por tanto, bajando en dirección al Acueducto.

Desde aquí, la carretera se empina nuevamente. Cuando salgamos de la ciudad para coger la carretera y disfrutemos de un llano seguido de una pequeña bajada, el grupo vuelve a unirse. En este momento transitamos por el carril bici y ya se va hablando menos. Pronto vuelve la subida, que se agudizará acercándonos a San Ildefonso. Cheve, resfriado (y con 3 maratones en 5 semanas o una brutalidad así) y Rapha, con los que habíamos hecho un pequeño grupo en la subida Teo y yo, se quedan unos metros. En el avituallamiento del km 25, ya se han hecho más grupos. Mi compañero empieza a acelerar el ritmo, aunque casi todo el tiempo vamos charlando. Recuerdo que aquí fue donde me perdí en el Gran Trail de Peñalara.

Tras hacer el recorrido de ida y vuelta (con una cuesta por camino que repetimos porque Teo dice "que es más bonito") a la Pradera de Valdehorno, entraremos en lo que es la Granja y sus jardines. El personal está a la sombra y se sorprenden cuando entramos los dos con nuestros dorsales y a buen ritmo (no ponen ninguna queja). El paso por aquí es estremecedor, entre fuentes, árboles... y terribles cuestas. Cuando llegamos al Estanque (o El Mar) respiramos y comenzamos la bajada. Le digo a mi compañero que aunque demos un poquillo de vuelta, si quiere podemos ir por un sitio que sale al Palacio. Está de acuerdo, por lo que debemos subir y bajar escaleras, pero los sentidos lo agradecen. Cuando salimos, la mujer que está encargada de vigilar la puerta de los jardines nos saluda y anima.


Estamos sobre el km 33 y ya tomamos la carretera que lleva de San Ildefonso a Trescasas. Al principio bajamos un poquillo, pero en el avituallamiento del 35 comienza lo peor ("el repecho de cojones", que dijo Luis Barba mientras nos ofrecía agua e isotónicos). La verdad es que es un repecho y algo más, porque cuando crees que has superado el tramo de mayor inclinación, sigues subiendo. El tiempo ha respetado, incluso ha llovido sin haber nubes, pero ya hace bastante calor (30º, aproximadamente) y no hay sombras. Para rematar, Teo no hace nada más que acelerar y me va a hacer hasta forzar más de lo que tenía pensado. Cuando llegamos al cruce con el pueblo, el final abierto. Se había previsto que según como fuéramos de kilometraje (o de fuerzas) se daría una vuelta o se iría recto a meta. Como vamos bien, recorremos otra vez el inicio, como se tenía previsto. Entramos juntos en 3h41'.

Mientras reponemos fuerzas, van llegando los compañeros (cada uno casi habiendo realizado un final), charlamos y se van dando un bañito reparador. Yo espero a que llegue Ray. Entre el  finisher previo y él hay un tiempo un poco elevado, por lo que me quedo para que su familia (Marisa y las  niñas) no se preocupen: es otra cosa si la gente va pasando cada pequeños intervalos. Finalmente llega pletórico, saludando desde la distancia. Cuando Julio y Gerardo llegan en 5h35', reciben una de las ovaciones más emotivas que recuerdo, por parte de todos los participantes y ayudantes. Julio, también inconsciente, sólo había corrido una maratón anteriormente y vino a esta "persuadido" por su amigo Gerardo. En este tipo de pruebas, como en el Boedo o "locuras maravillosas y necesarias" así, es donde realmente te haces maratoniano, donde corres casi en soledad.

Aunque la carrera había sido gratuita, recibimos camiseta conmemorativa y un bonito trofeo (para guardar imperdibles), que se unen a la simpatía y hospitalidad de la organización. El final de fiesta, para los que pudieran quedarse, es una comida donde me castigo con cordero. Sólo espero que haya alguna edición más, para volver a reunirme con amigos y para que algún lesionado, como Angelín o Patxi Mechas, puedan concluirla. Cuando uno ya hace una cantidad respetable de pruebas de larga distancia, corre mucho tiempo solo, en asfalto y montaña, y llega un momento en el que se adapta bien a la distancia (cosa diferente a dominar este potro salvaje y desbocado que es la maratón, más aprecia este tipo de pruebas frente a otras multitudinarias. Mi siguiente maratón, respondiendo a una invitación realizada en el curso del fin de semana, posiblemente sea en pista de atletismo.


Gracias a todos por hacerme copartícipe de este fin de semana y especialmente a Javi Sanz por ir a contracorriente de los tiempos ingratos en los que vivimos.



martes, 2 de julio de 2013

Gran Trail de Peñalara 60 K

Llegaba la hora del Gran Trail de Peñalara, que podía ser considerado como la prueba objetivo de la temporada. Por ser la de mayor distancia a la que me voy a enfrentar este año (y que he afrontado hasta la fecha) y por su dureza. Apuntado desde que abrieron inscripciones el día 1de Enero, 450 plazas que vuelan, la acumulación de kilómetros había estado dirigida a este trail. La verdad es que se ha convertido en cita de culto en sus tres modalidades (60, 80, y 110 kms) y referencia obligada del ultratrail. 


Mi preparación, incluso, fue algo mejor que de costumbre para pruebas por montaña, aunque vivir en plena zona llana sigue siendo un lastre para esto. Desde el 28 de abril, 2 medias maratones llamadas de montaña pero rapidísimas y con poco desnivel, el Trail de Alcoy (48,5 kms) y 3 tiradas de aproximadamente 25 kms en la zona de Valdehierro (Madridejos). Eso sí, debo reconocer que en cuanto a fondo, estoy como nunca y en esas tiradas me notaba con bastante fuerza para subir cortafuegos y similares.

El viernes a las 12 de la noche salían los corredores del GTP 80 y el GTP 110 (Andrés y Celso, dos de los integrantes del equipo que hicimos Alcoy entre ellos) y poco después un Cross Nocturno de 10,2 kms iniciático y con un carácter bastante popular. El gran Juanlu me hacía el favor de recoger el dorsal, con lo que durmiendo en Madrid, sólo tenía que levantarme a las 5.15 para llegar a Navacerrada con tiempo para tomar el autobús que nos llevaba a Rascafría, lugar de la salida. Allí encontré a otro fenómeno: Pedro de las Heras. A Pedro, Peri (a quien subiendo Peñalara  llamé Peti, aunque lo raro fue que pudiera hablar en ese momento), lo conocí en junio del año anterior en los 100 de Corricolari, donde yo hacía la mini de 34 kms y tuve el placer de hacer buena parte de mi recorrido junto a él y hacerle así como de liebre en esa primera parte de su carrera. Buscando por la red no había conseguido dar con él, hasta que hace unos meses  me encontró. 

Pedro es un fenómeno, con un nivel muy superior al mío aunque coincidimos, eso sí, en la forma de percibir diferentes aspectos del atletismo popular. Así, en los momentos previos, intercambiamos impresiones. Los dos (cada uno en su nivel) sabíamos que estábamos más que capacitados para terminar la prueba, pero que la incertidumbre es realizarla no ya en un tiempo determinado, sino en unas condiciones adecuadas. Y es que, aunque parezca mentira, hay gente que se apunta a estas pruebas con una preparación realmente insuficiente. Vi a gente que seguro es incapaz de hacer un maratón en asfalto sin tener que pararse varias veces; lógicamente, sus prestaciones en este terreno y estas distancias no pueden ser mejores y sí  peores, por lo que convierten el evento en una continua marcha. Las organizaciones lo saben, necesitan participantes, los tiempos para terminarlas son generosos.

Llegando a Claveles
De estas y otras cosas departíamos cuando se dio la salida, puntual, a las 8.15. Pronto comenzábamos la primera ascensión, que nos llevaría al Puerto del Reventón. Tras salir del pueblo (y ver al genial Gerardo, que participaba en los 80 kms) tomamos una especie de camino que desemboca en una senda que cruza un robredal. Esta ascensión es asumible, aunque pronto empezamos a pasar a gente que comienza a andar (si ni siquiera se asumen estas primeras rampas, esto puede ser un día de campo y no una carrera, la verdad). De aquí se sale hasta una pista, con zonas bastante empinadas pero en la que se puede correr. Aunque me quedo un poco atrás cuando bebo agua, terminaré alcanzando a Pedro. Así, de un tirón, llegamos al primer avituallamiento y poco después al primer control (sobre 1h13'). Decido llenar de líquido el cameback, aunque lleve un poco más de peso, no me quiero quedar sin combustible.

Junto a un chaval de Sevilla, los tres afrontamos la parte dura (y bellísima, con la visión de toda la comarca) del recorrido. Hay zonas de tener que andar, pero uno u otro, cuando se puede correr, comienza a hacerlo, imitándolo los demás. Estamos por encima de los 2000 metros y pasamos por el Puerto de los Neveros (cruzando, lógicamente un nevero escurridizo) y el Risco de Claveles. Esta subida, entre roca granítica  parece no acabarse y hay zonas en las que directamente se trepa y hay que ayudarse de las manos. Aquí voy con cuidado, se me escapan los compañeros y también me adelanta algún corredor más, entre ellos Kike (Dragon), con el que hablo un tramo. Es la zona más técnica. De aquí, a Peñalara, el punto más alto de la prueba: 2.429 mts (2h24' y km 18 o así). Sorprendentemente, igual que en toda la zona desde el Reventón, hay gente animando en la cima.... y entre ellos Jesús y Alberto. Extraordinario y emotivo.

Coronando Peñalara, con neveros
A partir de este momento se inicia una dura bajada, técnica. Primero, por una zona "libre", sin senda, entre piedra. Luego, por una especie de senda repleta de eses y con piedra suelta. Ante todo, prudencia, lo que hace que sean 4-5 corredores los que me pasen. Sin problemas, es algo asumido. Cuando llegamos a un chozo que me había indicado Kike (Chozo Arangüez), concluye lo más peligroso. Quedan unos 6 kms hasta La Granja de descenso: no por una alfombra, pero más o menos cómodo. Al llegar al pueblo, todas las personas con las que te cruzas te animan, desde los bares y terrazas se oyen aplausos... en la plaza  está el segundo avituallamiento. Me he bebido casi todo el líquido que llevaba y es que, a pesar de una ligera brisa, el calor y los kms, 29 ya, están empezando a dejarse notar. 3h31' y esto parece que acaba de empezar.

Pequeño descanso, con agua e isotónico, un trozo de plátano y otro de barrita (mecánicamente lo haré en cada uno de los 4 avituallamientos) y para adelante. Al salir de la localidad me guío por los dos corredores que van delante mío y de pronto uno se para: no hay balizas. Nos reunimos los tres que nos hemos extraviado y planteo volver hacia atrás. Uno de ellos dice que él conoce la zona y que nos lleva al encuentro con el trazado correcto. Tras casi 15' de incertidumbre, de tiro por aquí o por allá y cosas así, finalmente bajamos hasta un río y vemos corredores. Respiro aliviado, aunque pronto comprendo que hay que buscar un paso para cruzar al otro lado, por donde transcurre la carrera. Un compañero anda desabrochándose las zapatillas cuando el otro se mete directamente, con el agua hasta las rodillas y lo cruzo. Instintivamente le imito. Los siguientes kms iré escuchando un ruido similar al de los zombies en el vídeo Thriller de Michael Jackson, pero no hay nada como el calor para secar. El error: no habíamos cruzado un paso de cebra.

Aunque debo ir pasando a algún corredor que venía por detrás antes de La Granja, no ha sido mucho lo que hemos perdido, aunque hayamos hecho bastante más de un 1 km añadido y parándonos de vez en cuando para decidir. Ya tranquilo, es el momento de disfrutar. Por delante, unos 12 kms que llevan a la Casa de la Pesca. Los primeros 8 o 10, en ligero ascenso, circulan al lado del río Eresma, donde la gente está de picnic, jugando o bañándose. Por los caminos y sendas nos cruzamos con paseantes, ciclistas que nos ceden el paso (casi, pero no siempre) y nos animan. En los últimos ya comienzan las rampas, aunque más o menos asumibles.  En la mencionada Casa de la Pesca, sobre el km 40, está el tercer avituallamiento. 5h02' de carrera... y 20 kms por delante.

La sorpresa viene en la segunda parte de la subida. Difícilmente olvidable la subida a Fuenfría. Serán 4 kms o así, nada técnicos, pues es un camino más o menos transitable... pero infernal. Una rampa durísima, y otra tras otra, que invitaban a parar... no ya de correr, que no se podía hacer, sino de andar. El calor, una mosca que se cebó en mí y decidió acompañarme... y parecía que venía un llano y nada. Atroz, de lo peor  que he tenido que sortear en una prueba; y eso que hice una "pasada" a otro corredor, que directamente se paró en mitad de la cuesta. Finalmente, exhausto, empiezo a escuchar ruido: debe ser una buena señal. Unos minutos después veo el control y me pongo a gritar junto a los chavales que empiezan a animarme. Ni me paro en la fuente, quiero olvidarme cuanto antes de ese
tramo. Unos 5 kms en 45'.
Valle de la Fuenfría
Subiendo había pensado que quizá había pinchado. Sin embargo, pronto me veo corriendo con fluidez de nuevo por la Senda de los Cospes. Es el momento de afrontar el Camino Schmid. De aquí hasta Navacerrada unos 6 kms por senda, con toboganes, a veces picando hacia arriba, a veces hacia abajo. Nuevamente te cruzas con senderistas, ciclistas... que aplauden y te dedican algún comentario. Menos algún momento muy puntual en el que, fruto de la fatiga, hay que andar en alguna rampa más severa, sigo corriendo y afrontando la mayoría de los toboganes sin problema. Que no sin esfuerzo, por supuesto. Cerca ya de Navacerrada, hay gente animando en las últimas rampas y me sorprendo a mí mismo manteniendo el trote. "Ya está, una hora y en meta", me grita toda una campeona como Belén (Díez). Tras pasar el control, 6h33', empiezo a hablar con uno que está grabando y me sigue. Hay un pequeño descenso hasta el avituallamiento, en Navacerrada, que me viene de lujo. La gente desde las terrazas de los bares se pone a aplaudir cuando llego y yo, respondo con gritos y gestos. La hormona de la felicidad disgregándose por la sierra madrileña. 

Esto no ha acabado, sin embargo. Después de comer algo y rellenar la mochila de líquido (cada poco tiempo debo ir bebiendo, pues el cuerpo lo pide), uno de los últimos escollos: hay que subir hasta el Paso del Emburriadero. Otro kilometrillo para arriba que a estas alturas resulta durísimo y en el que tengo que alternar correr con andar. Y sólo queda bajar. Alegría pero no tanta, porque vaya bajada. Empezamos por senda con piedra suelta y con el agravante de que a estas alturas, los reflejos son escasos y el cansancio muscular grande. Después, entramos en la zona de pedregal. "Una pista, mi reino por una pista forestal", pienso. Y al final, creo ver un voluntario que me dice algo que no logro entender, pues creo que incluso el oído ya empieza a fallar. Creo entenderle a la izquierda y 4, que pienso que kilómetros. 

Me animo y acelero el paso cuando finalmente salgo a la anhelada pista. Más adelante un nuevo control (el de la Barranca) y los voluntarios que me animan y me dicen que ya está hecho, que me quedan 5 kms. Lógicamente, no me cuadran las cuentas. Pero nuevamente las endorfinas salen a relucir y cuando la gente con la que cruzas te anima (una constante en toda la carrera) les respondo y agradezco. Alcanzo a otro corredor al entrar en el pueblo, este de los 110 kilómetros y tras una pequeña confusión en el trazado (por otro maldito paso de cebra), afrontamos de charla los últimos metros hasta la plaza de la localidad, lugar de la meta. Es la hora de comer y no hay mucha gente comparado con el ambiente de dos horas después, pero la entrada bajo el arco final me resulta emotiva. 7h42' de esfuerzo. Nunca pensé que podía hacer un tiempo así. Además, y aunque al final bailó un puesto, posición nº 14. Algo todavía más impensable.

Con un fuera de serie
Me abrazo con Pedro, que ha quedado ni más ni menos que el 8º. Al menos tuve la suerte de hacer unos kms con él, más de un año después, y de que me "inmortalizara" subiendo a Claveles. Después de ducharme a saludar y hablar con  conocidos finishers: Marek en los 110, Alberto, Paco, Kike, Juanlu...Celso y Andrés, a quienes no pude ver por meterme en el coche antes de que la pereza me envolviese, también acabaron con nota el largo.

Disfrutando del  estado de forma

El GTP 60 es deslumbrante, precioso, apasionante y duro. Pese a ello, considero que bastante corrible en gran parte del recorrido (si se ha preparado, claro está) lo que lo hace, a mis ojos, muy atractivo. Posiblemente, en este tipo de pruebas, aquí me plante. Es decir, no me motiva hacer pruebas de más kilómetros si prácticamente los que se añadan no van a ser como los que he hecho aquí: andando lo imprescindible. A mí lo que me gusta es correr y el mundo del trail en España ha crecido tanto que se puede elegir.  Cada uno... conozco a gente que dice que todas las cuestas las hace andando para estar más fresco. De momento, yo no lo concibo así. En un futuro, quizá. No lo descarto.

Para finalizar, agradecimientos a todos los amigos, con Juanlu y Pedro a la cabeza. Y destacar una organización perfecta y el agradecimiento a voluntarios y espontáneos, a quienes no conocías, que te animaban cuando te cruzabas con ellos, haciendo más llevadero el esfuerzo.

lunes, 27 de mayo de 2013

I Maratón del Anochecer

Nada más conocer de este nuevo maratón (más 1 km, como era promocionado) me apunté, pues me llamaba la atención que se saliera de lo habitual: se corría por la tarde-noche, se hacía necesario el uso de frontal, se huía del asfalto y se asemejaba al trail, etc. Y que pretendía realizar un homenaje y recuperar el espíritu del mítico Maratón de Valtiendas. Además, estaba relativamente cerca (200 kms). Luego, al ir conformándose la agenda, quedó enmarcado como la tercera prueba, 2 maratones y un ultra, de larga distancia en 34 días. Estaba acostumbrado a tragar kms aunque no tanto, pero vendría bien para ir preparando el cuerpo para el GTP 60.


Aproximadamente hace un mes, Mari Tere (co-partícipe de la crónica) se ponía en contacto conmigo y decía que iba a apuntarse a la carrera. Me dio un par de razones que no acabé de creerme y me di cuenta que no tenía ni idea de cómo era la prueba. En realidad ,y aunque lo niegue, había entrenado con gente que corrió en Madrid y esto "le había motivado" (léase "me muero de envidia" o "si estos lo hacen, ¿por qué yo no? La cosa más normal del mundo, por otra parte). Así que aprovechando que yo estaba inscrito a este, más o menos como aquello de que el Pisuerga pasa por Valladolid, pues la mente se le iluminó. Como buena corredora de asfalto con poco tiempo en este mundillo, me explicó que si en no sé qué carrera hace tal tiempo y entrenando no sé qué y... vamos, ecuaciones de estas de revista atlética de moda. 

Uno, que en el fondo no es tan duro como gustaría de ser (tipo Rick Blame en Casablanca), pronto se ofreció a cambiar de modalidad y pasar de la prueba individual a la de parejas. Quizá mi subconsciente me engañara y, como había poca gente apuntada, buscara subir por una vez en la vida al podio; como fuera, este también acabó engañándome, pues calculo que en la prueba individual masculina hubiera estado sobre la tercera posición. Así que me tengo que conformar con "compartir la gloria", pues fuimos la primera pareja mixta, sacando más de una hora a las otras dos apuntadas; incluso fuimos la segunda pareja en el cómputo global sólo por detrás de la de hombres que ganó, lo que sirvió a sus integrantes para coronarse, también, a nivel individual. Encima, mi compañera me quitó todo el protagonismo y los aplausos de voluntarios y público, así como el reconocimiento en las redes sociales. Realmente, no sirvo para ser  frío y calculador, no soy un tipo de film noir

La carrera partía de la pista de Atletismo del complejo de la Dehesa, en San Sebastián de los Reyes. Y, acertadamente, se celebraban 10 kms, Media maratón y Maratón en diferentes modalidades: individual, parejas y Ekiden (cuatro relevos). Unas 500 personas daban ambiente a los prolegómenos. En lo que respecta al Maratón (o Maratón +1, un K-43), primero se daban 2 vueltas a un circuito, lo que coincidía con la media y, después, se entraba en otro circuito por los alrededores de la localidad que no sabría explicar demasiado bien por dónde se hizo. Bueno, ni demasiado bien ni demasiado mal: no sabría explicarlo. Sólo distinguí la A-1 cuando se corría cerca de ella. Y es que entre la oscuridad, el desconocimiento de la zona y el elevado sentido de la desorientación que poseo, me enteré de poco de esa segunda parte de la carrera. Sólo sé que me gustó y que lo iba pasando en grande. 

Tras saludar a algunos conocidos como los grandiosos Marek y Shinichi (extrañamente ambos en la labor de fotógrafos. A Marek le cojo varias fotografías) o los chicos de FFDR nacho_cooper y runningbox, se daba la salida y las dos liebres contratadas para la ocasión y encargadas de hacernos llevaderos los primeros 21 kms, Ramón y Ray, nos abandonaban en la primera cuesta como los guías africanos abandonan siempre a los protas en las películas de aventuras ambientadas en la Sabana africana. Sin embargo, como artista invitado aparece el genial y pionero Luis Arribas (Spanjaard), con el que me enzarzaré en una buena conversación sobre el mundo del running que durará toda la primera vuelta. Un honor. Además, él entrena por allí y nos va anticipando el recorrido. Se trata esta primera parte de un recorrido exigente, por el parque de la Dehesa, el Camino de la Cañada y una zona de la propia Dehesa Boyal. Al menos 3 cuestas duras que le dan personalidad a los 10 kms y a la media.


Tras pasar por la pista se vuelve a hacer el circuito. Tras dejar a Luis, que venía de correr el maratón de El Soplao el sábado anterior, me encuentro con otros dos corredores legendarios, con los que charlaré un rato: Antonio Huerta y Javi Martín (que el año pasado superaron los 100 maratones). Van un poquito más rápido, así que tras una amena charla nos emplazamos para la Maratón Misteriosa que está organizando Javi Sanz (otro de los más grandes) y Antonio le recuerda a Mari Tere que tenga cuidado, que "un maratón es molto longo". Aquí compruebo que mi sentido de la desorientación es superado, con matrícula de honor, por mi compañera de carrera, que ha olvidado ya el recorrido de la primera vuelta.

Tras subir la más larga de las cuestas, la primera de "las tres Marías", parada técnica (yo) que sirve para que asiente la respiración mi acompañante (no podemos separarnos más de 10 metros según reglamento, más o menos). Cuando empieza la bajada, se anima y le digo que regule, que los corredores cercanos son todos de la media y que conocedores de que les quedan 2 kms han aumentado el ritmo. Que no haga por seguirlos, algo que suele hacerse de manera inconsciente y más en terreno favorable. Poco después llegamos nuevamente a la pista, cogemos el frontal... y nos quedamos solos. Además, hay cerca de un kilómetro por una pequeña e irregular senda, lo que mete el miedo en el cuerpo llevando a pensar si no será así el resto del trayecto. 

Pero no, pronto llegamos a un camino amplio que transcurre junto al muro de ladrillo que imagino rodea el Parque de la Cuenca Alta del Manzanares (que es mucho imaginar para no ver casi nada a estas alturas y no conocer, apenas, la zona). Aquí, bueno de mí, como el suelo es muy irregular y la visibilidad ya escasa, voy siempre por delante buscando la mejor zona para pisar y aconsejando a Mari Tere. Y es que hay que tener cuidado en varios momentos. Una gran luna anaranjada que comienza a tomar altura nos recibe. Sin duda, pienso, ha merecido la pena apuntarse sólo por esta maravilla. Así que con un ritmo cómodo y una continua cháchara (casi monólogo de apoyo) vamos consumiendo kilómetros. Esta segunda parte no tiene la dureza de las cuestas de la primera pero está llena de toboganes, además de sumarle las características propias de correr por la noche y sin encontrar a nadie en el camino.


Son más de10 kms sin cruzarnos con nadie, excepción hecha de la gente del avituallamiento del 27,5 y algún voluntario que señaliza un cruce de caminos. Los avituallamientos de esta segunda parte son excelentes, con agua, bebida isotónica, barritas, chocolate, plátanos y kiwis, gominolas y membrillo. En alguno me hubiera quedado un buen rato a hacer un menú degustación, pero ha dado la mala suerte de que venía a correr. En el de km 32,5 coincidimos con otros dos corredores y pronto los dejamos atrás. Los kms ya van pasando factura, aunque mi compañera no está pagando su condición de debutante. A partir de aquí adelantaremos a unos 10 corredores, lo que da muestra de la sensacional carrera que "la niña" se ha marcado. Tras una parada técnica (ella) le aconsejo que tome un gel, pues estoy notando que los kms le están empezando a pasar una pequeña factura. 

En torno al 34, la carrera se anima, pues coincidimos con varios participantes más, entre ellos Antonio y Javier. Los pasaremos en el 37,5, avituallamiento en el que pararemos poco tiempo y por el que, al parecer, habíamos pasado 10 kms antes. Al menos eso he creído leer, pues ni caí en el detalle: en lo único que estuve a punto de caer fue en el suelo. Tras salir de este, Mari Tere me comenta que podemos estar sobre las 4 horas, que le haría ilusión bajar. Yo, que la verdad es que voy más que cómodo (y, al menos, un minuto por encima del ritmo que hubiera llevado al correr la individual), le digo que si quiere aprieto un poquito y ella acepta, aunque no lo veo muy factible. Le gusta sufrir, la verdad, porque ya he detectado que lleva unos kms en silencio absoluto y con la respiración más alterada. Ese "espíritu asfaltero" del reloj y el tiempo por km, no se olvidade una noche para otra.

Pasaremos a otros 3 corredores en esta parte final del trayecto, yo ya en plan director técnico animando constantemente. Pero, sorpresa: en el km 39 iniciamos una subida, suave, pero que se alarga 3 kms y esto pulveriza el ánimo de la parte femenina del equipo. Hay que bajar el ritmo, no importa llegar unos minutos después, le digo, sino llegar bien. Hay algún momento de confusión como los que todos tenemos en carreras de larga distancia, pero al ser modalidad parejas se comparte (si uno es soltero empedernido es por algo... por poco más que por su poco agraciado aspecto, vamos), aunque finalmente recuperamos las buenas sensaciones, a lo que ayuda una pequeña bajada. Todavía hay, en las inmediaciones de la pista, algún pequeño tobogán pero todo está ya superado. Marcamos un tiempo de 4h08' (puestos 24-25 de unos 90 inscritos). Ducha, chocolate que la organización ofrece y hablamos para que nos den el premio antes de que llegue el resto de parejas apuntadas, pues no queremos llegar tarde a casa y hacer esperar más a Alfonso y Mario (la familia de mi compañera de fatigas).



Espero que vuelvan a organizarla el año que viene y haré todo lo posible por volver, pues la experiencia ha sido más que satisfactoria. Incluso me alegra, al fin, haber corrido a una intensidad menor que de costumbre para saborear mejor la prueba; hasta las piernas lo han agradecido. Organización más que notable (el speaker nacido en Quintanar un tío genial) pese a las críticas de algunos. Ha habido gente que se ha quejado enormemente de la señalización. Bueno, he oído quejas de todo tipo: el firme, la falta de luz, avituallamientos, cuestas, ... mucha gente ha protestado más que contra la subida del IVA. 

No entiendo la mayoría de ellas, la verdad. Pero vamos con la señalización. Estás en un trail y nocturno: en todo momento debes tener presente (experiencia) a lo que te enfrentas. Hay miles de bifurcaciones, como ya expliqué con el Trail de Alcoy de hace 15 días (y ese era diurno), así que hay que estar atento en todo momento. Y muchos lo están.... al reloj, especialmente en el Ekiden, donde se dieron las críticas más agudas. Es decir, debes ir buscando la baliza cercana y la siguiente y si avanzas 200 mts y no ves ninguna, das la vuelta que te habrás equivocado. Yo mismo dudé en un par de ocasiones (Mari Tere me seguía fielmente) y en otra, aunque sólo fue cosa de 10 mts, volví sobre mis pasos; pero no dudaba en disminuir ante un pequeño cruce la marcha para asegurarme de dónde estaba la señal. Y al final la veías y no pocas veces en forma de cinta y con flecha en el suelo. Se supone que esto se da por sobreentendido en este tipo de carreras, aunque alguno cree que deben ser igual que estas masificadas que se corren por la Castellana y finalizan en el Retiro. 

Y ya he dejado claro mi escaso sentido de la orientación, aunque creo que todavía tengo un poco de sentido común y cuando hay menos visibilidad pongo más atención. Eso sí, hay que reconocer que cuando se acumula la fatiga y el cansancio, esto es más difícil. Desde mi punto de vista, estaba bastante bien señalizada y la carrera es muy recomendable si comprendes a lo que te vas a enfrentar. 


lunes, 13 de mayo de 2013

I Trail Solidario de Alcoy

Con gente como Andrés (y sus suegros y mujer, Ana) en el lugar de la gran mayoría de políticos que existen en el mundo, este sería un lugar mucho más agradable. Fue a finales del año pasado cuando él nos informó de la celebración de esta carrera, que se organizaba por primera vez: de muntanya, 45 kms, por equipos de 4 participantes y donde el cuarto integrante en alcanzar la meta era el que marcaba el tiempo. Pronto ofrecía yo  hacer equipo, sabedor de que le haría ilusión correr en su ciudad y que le acompañáramos (o eso imaginé yo), y Juanlu, cómo no, se apuntaba. El cuarto integrante varió por compromisos en la fecha de celebración y al final acabó siendo Celso. 3 especialistas en montaña y otro, un servidor, muy lejos de serlo.



Andrés corrió con todos los detalles de la organización y encontró un patrocinador (el restaurante de su suegro, D'Ana) al que representaríamos y que pagaría las inscripciones. Además, unos y otros nos dieron alojamiento, nos ofrecieron una exquisita cena tras la carrera y nos brindaron un arroz con bogavante el domingo que, si lo hubieran probado, haría pensar a los dioses del Olimpo que llevan desde tiempos inmemoriales haciendo el tonto con su néctar y ambrosía. A cambio, nosotros sólo teníamos que aportar una de las cosas que más nos gusta: correr. Al menos, y dentro de nuestras limitaciones, creo que lo hicimos bastante bien. Tanta hospitalidad me (nos) ha abrumado y quedamos en deuda con los anfitriones.

El Trail Solidari Ciutat d'Alcoi es una prueba de unos 48,5 kms (más de lo previsto inicialmente por la organización) y 2.300 + que se desarrolla en los parques naturales de Mariola y La Font Roja, que rodean la ciudad. La salida y llegada se produce en 577 mts y el punto más alto sobre 1.336, el Menejador. Dos son las grandes subidas de la carrera, resumiendo perfil, aunque tienen pequeños descansos. La primera del km 5 al 9 (por encima de los 1000 mts), la segunda del 23 al 34 aproximadamente subiendo a la cota antes enunciada. El recorrido es realmente bello pero con alergia a las pistas forestales: entre estas y el asfalto no creo que superen el 25% del mismo. Es decir, sendas, sendas y más sendas; o sendas, traileras, senderos y corriols, si lo queremos presentar menos monótono (en cuanto a vocabulario, porque ni mucho menos lo es el trazado). Además, todo lo recaudado (grande la organización) para un par de asociaciones dedicadas a la lucha contra el cáncer. TODO UN EJEMPLO.


Los tres forasteros (Juanlu, Celso y yo) llegamos el viernes sobre las 8.30 a Alcoy: encuentro con Ana, recogida de dorsal, una vuelta por la ciudad y a esperar a Andrés. Pasta para cenar y sobre la 1.00 a dormir, que había que madrugar. Poco antes de las 6.30 a levantarse, algo de desayuno y a la salida. 106 equipos en carrera, lo que hacía una muy buena participación (más de 400 personas) para una prueba debutante y no al alcance de cualquiera. Con un petardazo que nos asustó, al estar de cháchara, se daba la salida. El traje oficial (o casi) del equipo, nos lo había suministrado Andrés: la camiseta, preciosa, de los cruzados del Atlétic Running Club de Alcoy.


Los primeros kms se desarrollan por la ciudad y como teníamos previsto, cada uno del equipo sigue su camino: muchos (casi todos) lo hacían, pero no era obligatorio que todos los integrantes fueran juntos. Al salir del Parque del Romeral  comienzan las primeras rampas (zona del Preventorio). En el descenso consiguiente, el primero del día, empieza a pasarme la gente por todos lados. Pienso que debo aprender a bajar de una vez por todas, pero es difícil, no entreno apenas montaña. De hecho, me presento a una carrera de estas características con un entrenamiento de 24 kms y el trail ligero y rápido de la semana pasada, Pies Negrox Trail. Intento mantener la calma, a pesar de que me cabreo (y mucho) cuando oigo a mi espalda decir un corredor a otro "ponle el aliento en la nuca". Por supuesto, me fijo en las camisetas de los chavales. Por si acaso...
 
Con la entrada en el Barranc del Cint empieza la primera gran subida. Dos rampas durísimas y el resto de forma contenida por una zona preciosa: entre rocas, agua que cae de las alturas y cruza el camino, corriendo como entre los restos de una antigua calzada... Aquí voy poco a poco superando corredores que no me explico si sólo entrenan bajando; la verdad es que me voy encontrando bien ascendiendo. Al coronar el Alt de Les Pedres (la zona conocida como "la buitrera") vemos un mar de nubes bajo nosotros, una imagen inolvidable. Aquí toca crestear por sendas y sobre el km 10 (Ermita de Sant Cristofol) comienza la primera parte del descenso; por supuesto, voy apartándome a un lado porque me pasa bastante gente. Intento aislarme: en carreras tan largas debo ir "cómodo" en todo momento. Del km 12 al 13 se vuelve a subir de manera suave, lo que aprovecho para coger a un equipo con los que iré, integrado y charlando unas veces, o cerca de ellos otras, varios kms.


Del km 13 al 23 llegan los más cómodos de la carrera. Primero un descenso suave y por terreno poco técnico; luego, una zona de toboganes que recorre la Vía Verde y los túneles o el Hotel Rural La Masía La Mota. La llegada al Racó de Sant Bona Ventura marca el inicio de la larguísima ascensión que culminará en el Menejador y que me iba a mantener entretenido las casi 2 horas siguientes. La primera parte de la ascensión, con fuertes rampas y algún mínimo descanso, culmina en el avituallamiento del Pla dels Galers. Aquí adelanto a 2 corredores aislados y a 2 grupos,  con aspecto de manejarse muy bien en la montaña. Tanto, que incluso me sorprende hacerlo; para satisfacción propia, uno de los segundos son los del aliento en la nuca, aunque me limito a animarles. Finalmente, llegarán más de 30 minutos después que yo a meta. A partir de aquí, haré la carrera solo, no adelantaré a nadie ni nadie me pasará. Unas 2 horas más viendo, exclusivamente, a la gente de los avituallamientos y controles de paso o a algún senderista que te anima.


La segunda parte de la subida también es durísima, con mezcla de pista y, preferentemente, senda. Las rampas más duras recurro a andar, pero recuperando rápidamente la carrera, lo que me permite seguir con mucha confianza. Finalmente, paso el control del Menejador pero a lo lejos veo una senda que zigzaguea. Pregunto, de manera retórica, si hay que subir por ahí. Esto no lo tenía previsto, pero ni mucho menos me encuentro sin fuerza. Tras crestear y subir de nuevo, toca bajar. Y vaya bajada. Esperaba pista (y Andrés me la había prometido), pero no: sendero. Terrible, interminable, continuada, sin grandes desniveles, con algún tobogán que hasta se agradecía, llena de piedra, de no más de 80 cms de anchura que reclamaba la atención y más con el grado de fatiga acumulado, entre árboles que no dejaban ver si nos acercábamos a la ciudad. Al menos, nos tapaba del sol de justicia , 23º, que ya comenzaba a castigar, aunque alguna nube nos había salvado de haber sufrido más. No sé si estaría cerca de 40 minutos por esa senda. Noto que no voy bajando mal, aunque en todo momento aseguro la bajada. Nadie se vislumbra detrás y es que la gran mayoría, cuando ya están escasos de fuerzas no bajan tan rápido (cosas de la fatiga muscular).

Al llegar al avituallamiento de la Ermita de Sant Antóni, fui uno de los hombres más felices del mundo.... hasta que me dijeron que quedaban 6 kms. ¡A añadir a los 42 que ya llevábamos!. A partir de aquí, de sopresa en sorpresa. Primero comienza una bajada por asfalto, cómoda, y cuando tomas velocidad veo a un miembro de Protección Civil. "Malo", exclamo. Y sí, en vez de seguir por la carretera, a otra pista, con un cartel de Bajada Peligrosa. Salvada esta, comienza una zona de pequeños toboganes que desemboca en la Vía Verde. Sonrisa de satisfacción, rota por la visión de otro miembro del mismo cuerpo: no hace falta que me diga nada, a por otra senda. 

Al salir de esta para coger una pista y en un momento de confusión en un cruce, tengo el principal bajón de la carrera. No físico, porque voy muy entero, sino mental. Me sorprendo hablando solo; bueno, quejándome,  con pensamientos como que si hay que correr 50 kms que lo digan y no mencionen 45, que dónde está Alcoy, que si esta era la pista que había dicho Andrés que tendría la carrera (50/50 la relación entre senda y pista, había declarado), que este trail no me lo puedo apuntar como maratón y tiene que ir al listado de ultras... hasta que salgo a un cruce y le pregunto a un voluntario que para dónde. Me contesta que hacia arriba, y me dan ganas de abrazarle. La rampa es dura pero creo que es el comienzo de la ciudad: no puede quedar mucho. Pronto empiezo a bajar y reconozco las cercanías de la casa de nuestro anfitrión y, por tanto, los últimos metros. Casi un kilómetro, en realidad, pero ya el sembrante de los últimos minutos cambia. 

Sin ninguna cuesta que subir más, me relajo e incluso me emociono ligeramente. Concluyo en un magnífico tiempo de 5h42' y puesto 34º de la clasificación general. Recupero líquidos mientras espero al resto; Juanlu, que es el que marca el crono oficial del equipo, llega sobre una hora después, lo que nos da el puesto 19º y 6º en la categoría. En todos los sentidos, mejor de lo esperado. Todos los equipos que habían concluido recibían la medalla en la tarima colocada para la ocasión.

La carrera, colosal y bien organizada. Muy difícil de marcar con tanta senda (y mucha cinta quitada a propósito por vándalos) y muchísimos cruces que podían llevar a confusión, pero en líneas generales más que aceptable este aspecto. Avituallamientos completos y suficientes, aunque corrí con camelback (que me resulta cómoda), con isotónico en gran cantidad, agua, fruta y barritas. Voluntarios entusiastas y muchos miembros de Protección Civil que, al concluir las 12 horas de tiempo y cuando cruzaron la plaza para coger los vehículos, recibieron una espontánea, atronadora y merecida ovación de los que todavía quedábamos por allí. Y lo mismo ocurrió cuando subió toda la organización a la tarima para hacerse la foto de rigor.

Hoy, lunes, piernas en buen estado y todavía satisfacción acumulada. Aunque algo cabreado porque, como dije antes, si en el mundo hubiera más gente como Andrés (y sus suegros y mujer, Ana), el mundo sería un lugar mucho más agradable. En 15 días, el Maratón del Anochecer: espero que las piernas no se quejen mucho. 

lunes, 6 de mayo de 2013

PIES NEGROX TRAIL

Buscando carreras tipo trail que se desarrollaran en los fines de semana del 27-28 de abril y 4-5 de Mayo, me encontré con esta prueba. La idea era realizar alguna tirada de montaña (entrenamientos y/o carreras organizadas) para afrontar con alguna ligera garantía el Trail de Alcoy del sábado 11 de junio (con sus 45 kms y casi 2.500 +). La semana pasada tocó un entrenamiento, duro, de 24 kms por la zona de Valdehierro (Madridejos)  y para esta me decanté por el mencionado evento. Tras tanto asfalto es poco bagaje, pero algo es algo. 

El Pies Negrox Trail tiene la salida y llegada en el precioso pueblo de Baños de la Encina (Jaén), cercano a Linares, Bailén y al Parque de Despeñaperros y situado en lo que podríamos llamar comienzos de la Sierra Morena jiennense. La salida se produce en la explanada del Castillo y el recorrido se desarrolla por los parajes cercanos, fundamentalmente junto al Embalse del río Rumblar. Es una prueba de unos 20 kms y con un desnivel positivo cercano a los 800 metros, con dificultades tipo tobogán que se desarrollan entre 339 y 489 metros como punto más bajo y alto, y que alterna sendas (trialeras) con pistas y algo de campo a través. Muy buena para iniciarse porque es rápida, escasamente técnica y casi todas las subidas son asumibles y pueden hacerse corriendo. Lógicamente, si se está entrenado, se quiere uno esforzar y ha regulado lo suficiente, aspectos que no siempre se conjugan en los participantes de este tipo de pruebas. 

El nombre procede de una de las categorías que incluía: minimalistas y barefooters. Es decir, corredores descalzos y/o usuarios de calzado minimalista, tema sobre el que habían ofrecido charlas el día anterior. La verdad es que no fueron muchos los representantes de esta tendencia, aunque las 300 plazas para el conjunto de las disciplinas se agotaron. Además, había espacio para los senderistas y para el canicross (7 kms para los que corrían con sus perros). Y un increíble e incansable speaker que amenizó desde os momentos previos a la salida.

Llegamos a Baños de la Encina un par de horas antes, lo que nos permitió pasear por la localidad y hacer unas fotos representativas. Digo llegamos, porque "engañé" al bueno de Ray para que hiciera su debú en el mundo del trail. Sabía que sufriría (y no poco), pero que acabaría contento y que era un "debú controlado". Es decir, una prueba adecuada para realizar el estreno; conozco a quien lo hace en pruebas duras y no llegan a hacer un kilómetro seguido corriendo, aunque luego dicen haber participado en una "carrera" de montaña. Y es que, con el boom del atletismo popular (asfalto y montaña), cada vez se ve más la participación de gente en pruebas para las que no se está preparado; lo que se traduce luego en maratones con tiempos catastróficos, y 13-14 kms alternando andar-correr-parar, o pruebas "off the road" en las que se anda más que se corre.


A las 10.30 y ya con una temperatura ideal (para estar a la sombra), se daba la salida y todavía en la localidad afrontábamos la primera y dura cuesta que nos sacaba de la misma. De aquí al km 6 se producen las primeras subidas y bajadas por pistas, con su buena inclinación pero sin dificultad en cuanto al firme. Ya hay gente que anda (no poca) en algunas de ellas y luego baja rápido para volver a caminar. De esta primera parte de la prueba, destaca la rampa de 400 metros al 16% que termina en el primer avituallamiento. En este punto comienza una bajada de casi 2 kms, casi por campo a través, donde sólo se vislumbra una minúscula senda. 

Los siguientes 10 kms tienen como protagonista el Embalse. Casi siempre se tiene como referencia visual y se corre, junto a él, a través de trialeras. Como es difícil adelantar y que te adelanten, se acomoda el ritmo al de delante, así que vamos rápido. Las trialeras, a veces a 5 metros del agua, a menudo están en terraplén, por lo que se corre inclinado, con la carga de tobillos que esto produce. En ocasiones tienen raíces o piedras en el suelo y, en otras, ramas que hacen que tengas que agacharte. En un momento que me despisto, tropiezo con una piedra y al suelo: por fortuna, logro parar el golpe con las manos y sólo me produzco un roce en la rodilla, que se ensangrenta, se queja un poquillo al seguir corriendo, pero nada más (aunque con el roce del pantalón, hoy molesta, pero no para correr). 

Estas trialeras a veces se dejan para adentrarnos en los bosques, afrontando aquí unas duras subidas que, tras su correspondientes bajadas, nos devuelven a las mencionadas trialeras. El avituallamiento del 15.5 nos da un respiro antes de afrontar las rampas más exigentes, esta vez por sendas que hacen más dificultoso el progresar. La segunda, de 500 metros al 15%, deja huella, ayudada ya por los kilómetros transcurridos y el calor. Los 3 últimos, dejado ya atrás el pantano, nos llevan a la localidad por pistas y sendas con subidas y bajadas. La entrada en Baños de la Encina se hace por la zona de "abajo", lo que conlleva afrontar una última cuesta con las fuerzas ya muy justas antes de entrar en meta. El tiempo oficial, 1:46.07. 

Tocaba recuperar mientras llegaba Ray, quien posiblemente se estaría acordando de mí; y no para bien. Al final concluyó en muy buen estado y con extraordinario tiempo: creo que volverá a hacer alguna prueba de este tipo. Como ya he avanzado: rápida, de poca dificultad, con recorrido bastante atractivo y que merece repetirse. El sábado, en Alcoy, será otra cosa.